La fibrosis pulmonar idiopática (FPI) es una enfermedad crónica que produce una cicatrización progresiva del tejido pulmonar. Con el tiempo, los pulmones pierden elasticidad y disminuye su capacidad para incorporar oxígeno, haciendo que actividades tan habituales como caminar, subir escaleras o incluso vestirse puedan volverse cada vez más difíciles.
Uno de los principales desafíos es que sus primeros síntomas suelen ser inespecíficos y confundirse con otras afecciones o atribuirse al paso de los años o a la falta de estado físico. La falta de aire durante el esfuerzo, la tos seca persistente y el cansancio son algunas de las manifestaciones más frecuentes.
Esta dificultad para reconocer la enfermedad puede retrasar el diagnóstico. Un estudio multicéntrico argentino de vida real realizado en 50 pacientes con FPI encontró que la demora hasta alcanzar el diagnóstico específico fue, en promedio, de aproximadamente dos años. Además, una vez realizado el diagnóstico, el inicio del tratamiento antifibrótico se demoró otros diez meses en promedio.
Una enfermedad que puede avanzar mientras se busca el diagnóstico
ELa FPI afecta principalmente a personas adultas, con mayor frecuencia a partir de los 60 años. Aunque su causa es desconocida, existen factores asociados a un mayor riesgo, entre ellos el tabaquismo, determinadas exposiciones ambientales y laborales y algunos factores genéticos.
A diferencia de otras enfermedades respiratorias, la fibrosis que se produce en el pulmón no puede revertirse. Por eso, llegar al diagnóstico en forma temprana permite evaluar las alternativas terapéuticas disponibles y actuar antes de que la enfermedad continúe avanzando.
“Es importante consultar cuando los síntomas respiratorios no mejoran o progresan, sobre todo en personas mayores y tabaquistas. Un diagnóstico temprano permite iniciar precozmente el tratamiento y mejorar el pronóstico de la enfermedad”, explica la Dra. Luciana Molinari, neumonóloga (MN 111508), coordinadora de la Sección de Enfermedades Intersticiales de la Asociación Argentina de Medicina Respiratoria (AAMR).
El diagnóstico requiere una evaluación especializada que puede incluir estudios de función pulmonar y tomografía computada de tórax. “La evaluación multidisciplinaria resulta especialmente importante para diferenciar la FPI de otras enfermedades pulmonares intersticiales que pueden presentar síntomas similares y alcanzar un diagnóstico de certeza”, explica la Dra. María Otaola (MN 111494), neumonóloga, coordinadora de la Sección de Enfermedades Intersticiales de la AAMR.

Tratamientos que permiten enlentecer la progresión
Si bien actualmente la FPI no tiene cura, existen tratamientos antifibróticos que permiten enlentecer la pérdida de función pulmonar y la progresión de la enfermedad. El seguimiento médico, la rehabilitación pulmonar, la actividad física adaptada y otras medidas de cuidado forman también parte de un abordaje integral.
Sin embargo, el acceso y la continuidad del tratamiento representan otro desafío. En el mismo estudio multicéntrico argentino, la falta de entrega de la medicación por parte de prepagas u obras sociales fue el principal motivo de discontinuación del tratamiento antifibrótico entre quienes lo habían iniciado.
Al mismo tiempo, la investigación continúa ampliando las alternativas terapéuticas y nuevos medicamentos en etapas avanzadas de desarrollo que podrían ampliar las opciones de tratamiento disponibles en Argentina próximamente.

¿Cuándo consultar?
Los especialistas de la AAMR recomiendan consultar ante falta de aire progresiva, especialmente durante esfuerzos que antes podían realizarse sin dificultad, o tos seca persistente sin una causa clara. Detectar tempranamente estos síntomas permite iniciar el proceso diagnóstico y, cuando corresponde, acceder al tratamiento de manera oportuna.
En el marco del Día Mundial de la Fibrosis Pulmonar Idiopática, que se conmemora el 7 de septiembre, la Asociación Argentina de Medicina Respiratoria busca concientizar sobre una enfermedad poco conocida cuyos síntomas iniciales pueden pasar inadvertidos.
Reconocer que la falta de aire no siempre es consecuencia de la edad o de estar “fuera de estado” puede ser el primer paso para llegar antes al diagnóstico.









