Hace unas horas cumplí 62 años. Y los cumpleaños son también una buena oportunidad para mirar un poco hacia atrás, hacer un balance y agradecer.
Cuando pienso en estos 62 años, siento que tuve una vida hermosa. Con aciertos y errores, como todos. Con aprendizajes, con diversión, con amigos de los buenos y, sobre todo, con una familia hermosa.
Tengo un hijo que estudia lejos y una hija que trae todavía más felicidad y alegría a la familia. Tengo a Bochi, mi compañera de viaje, y un trabajo que disfruto. Miro todo eso y me pregunto: ¿qué más puedo pedir?
Salud. Eso es lo que importa.
Porque mientras haya salud, podemos seguir disfrutando de las personas que queremos, haciendo planes, trabajando, viajando, riéndonos y compartiendo momentos. Con el paso de los años, uno aprende a valorar cada vez más esas cosas que a veces parecen simples, pero que son las verdaderamente importantes.
También quiero agradecer.
A los que estuvieron en algún momento de mi vida y a los que siguen estando. A los amigos, a mi familia y también a ustedes. Porque muchos no me conocen personalmente y, sin embargo, siempre son tremendamente generosos conmigo. Cada mensaje, cada saludo y cada muestra de cariño llegan. Y se agradecen mucho.
Este cumpleaños, además, tuve la suerte de compartir el festejo con un amigo, Vital, que también cumplía años. Celebrar juntos multiplicó la buena energía.
Llegué a los 62 feliz y agradecido por la vida que me tocó vivir.
Gracias, Bochi, por ser mi compañera de viaje. Gracias, Mica y Fran, por enorgullecer mi vida. Y gracias a todos ustedes por estar del otro lado.
Son 62. Una vida hermosa vivida.
Ahora solo queda seguir disfrutándola.
Bendiciones para todos.






