martes, agosto 11, 2026
InicioDe Puño y LetraNo vas lento: quizás estás construyendo algo que aún no se ve

No vas lento: quizás estás construyendo algo que aún no se ve

Hay consejos sencillos que todos deberíamos escuchar de vez en cuando. Uno de ellos es no responder mensajes cuando estamos enojados. Lo mejor es esperar, respirar y contar hasta diez antes de contestar: unos minutos de calma pueden evitar palabras de las que después nos arrepintamos. 

También está la idea de no guardar para una ocasión especial aquello que realmente disfrutamos. Usar la ropa que nos gusta, ponernos ese perfume que reservamos para determinados momentos o aprovechar las cosas que nos hacen bien. Y hay otros consejos mucho más prácticos: llevar una bolsita en la mochila, tener pañuelos a mano, no cortarse el pelo ni hacerse una tintura justo antes de un evento importante y, sobre todo, anotar las contraseñas en un lugar seguro. Tampoco hay que subestimar el poder de una buena siesta. 

Pero hay una enseñanza que va mucho más allá de esas pequeñas recomendaciones. 

Cuenta una historia que, en medio de un bosque, había un árbol joven que miraba a los más grandes y quería crecer rápidamente. Quería tener ramas enormes, dar sombra y que todos pudieran verlo. Cada día se esforzaba por crecer hacia arriba, hasta que un árbol viejo le dijo: “No te apures. Primero tenés que hacer crecer tus raíces”. 

El árbol joven no entendía. Si nadie podía ver sus raíces, ¿por qué eran tan importantes? El árbol viejo le explicó que, justamente, ahí estaba su valor: lo que nadie ve es lo que permite sostener todo aquello que algún día sí van a ver los demás. 

Pasaron los años y llegó una tormenta muy fuerte. Muchos de los árboles que habían crecido rápidamente cayeron, pero el árbol joven permaneció de pie. Entonces comprendió que aquel tiempo en el que creyó estar avanzando poco había sido, en realidad, el período en el que estaba construyendo la base que le permitiría resistir. 

Y eso también sucede en la vida. Hay etapas en las que sentimos que no avanzamos, mientras vemos a otras personas alcanzar rápidamente sus objetivos. Pero no todo crecimiento se nota desde afuera. A veces estamos aprendiendo, trabajando, esforzándonos y construyendo una base sólida que todavía nadie puede ver. 

Por eso, no hay que apurarse. El crecimiento verdadero no siempre es inmediato ni visible. Algunas de las cosas más importantes que hacemos necesitan tiempo para desarrollarse. 

Seguí creciendo, aunque todavía nadie pueda verlo. Fortalecé tus raíces, construí tu base y confiá en el proceso. Porque cuando llegue la tormenta, vas a entender por qué necesitabas todo ese tiempo. 

A veces, avanzar no significa llegar más lejos. Significa tener raíces lo suficientemente fuertes como para no caer.  

Te lo dice un amigo. 

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