miércoles, septiembre 22, 2021

Quiero comentarte que “Parar” no es un libro de autoayuda. Es MI testimonio. Desde que arranqué siempre trabaje y estuve a mil. En varias oportunidades el cuerpo me dio señales para que bajara un cambio y desacelerara, pero seguí adelante, sumando responsabilidades y obligaciones. Hasta que un virus me puso en jaque y me obligó a parar. En estas páginas, les comparto mi experiencia, la lucha interna que viví para bajar un cambio y encarar mis días de una manera más sana. Escribo este libro no porque tenga superado el problema, sino porque quiero tomar conciencia de lo que me pasa compartiéndolo con ustedes. No les hablo de mis éxitos, les hablo de mis dificultades para lograr un equilibrio en mi vida, que es algo muy difícil de lograr. Y que a veces no es bueno lograrlo por obligación. Sino darte cuenta y poder controlarlo antes de que suceda.

Y en exclusiva para mi página web les dejo un regalo, el primer capítulo:

“En el ojo del huracán”

Empecé a escribir este segundo libro en enero de 2020, después de haber vivido un año más en peligro. Digo “un año más”, porque los anteriores fueron igual de intensos, y hablo de “peligro” porque siempre fui consciente de lo mucho que me arriesgo al vivir así. También sé que no soy el único. Lo padecemos todos los que nos sentimos oprimidos por el escaso tiempo del que disponemos, por la vorágine de la vida cotidiana que llevamos, por pretender hacer a la vez el mayor número de cosas. Sí, estamos de acuerdo: es estar dentro de un torbellino de locura, por demás innecesario. Sencillamente porque no sirve para nada. Pero es fácil decirlo o escribirlo y muy difícil salir del ojo del huracán. Lo digo por mi propia experiencia.

Vengo meditando desde hace un tiempo sobre este tema. ¿Por qué estamos tan enloquecidos? ¿Por qué apuramos todo? ¿Por qué no nos tomamos las pausas necesarias para no llegar al final del día con el agua hasta el cuello? Siempre igual. No aprendemos a mejorar nuestra calidad de vida. Y ahí vamos a mil, con el pie en el acelerador. Nos cuesta usar el freno. Nos encanta vivir al límite.

Un sargento nos decía en el servicio militar que nosotros, los soldados de la clase 64, en el Regimiento Mecanizado N° 3 General Belgrano de la Tablada, éramos hijos del rigor. Claro que su comentario era por otro motivo. Ahora pienso que el rigor lo impone la sociedad. Me corrijo: somos nosotros, los integrantes de esta sociedad, los que nos imponemos el rigor del reloj. Y somos hijos de nuestro propio rigor, que nos lleva a superarnos más y más. Hasta no tener techo. No sabemos decir que no. Corremos todo el día para cumplir con la larga lista de actividades que nos proponemos, en el menor tiempo posible y con la menor calidad también. Es decir, somos los responsables de nuestro propio calvario.

Cuando era chico, mi hijo Elvis me preguntaba: “Pa, ¿por qué te vas a trabajar si los papás de mis amigos no tienen que ir porque es feriado?” Y aunque mi respuesta no fue nunca convincente, le decía que la gente quiere saber qué está pasando aunque sea feriado o fin de semana, quiere ver un noticiero. Entonces alguien tiene que hacerlo, así es mi trabajo.

Este es un oficio tan apasionante que cuando uno se toma vacaciones o un breve descanso, en realidad, no se relaja nada. Porque los periodistas siempre estamos conectados, porque necesitamos informarnos continuamente. Es una hermosa necesidad. También es una lucha interna que tuve, y que tengo aún. Cada día me despierto y me planteo qué hago. ¿Voy al kiosco a comprar el diario o no voy nada? Y si no voy, cuando tengo un minuto de ocio, entro a la web para informarme o prendo la tele para ver el noticiero de turno. No puedo con mi genio. Pero reconozco que lo disfruto.

Soy un apasionado de mi trabajo. Vivo pensando en el trabajo. También tengo que reconocer que posiblemente me dedico en exceso porque tengo miedo de perderlo. En una sociedad tan compleja como la de nuestro hermoso país, que falla a la hora de dar trabajo, no es extraño que piense de esta manera, aunque me muevo en la radio y en la televisión sin interrupciones desde hace años. Tal vez solo se trata de la excusa que pongo siempre para no decir que no.

Si en una cobertura periodística la noticia continúa, me quedo, sea radio o televisión. Si me llaman para conducir un evento, acepto sin dudar. Si tengo que trabajar un fin de semana, voy. Si me piden que dé una charla motivacional, ¿cómo negarme? Si tengo una reunión de trabajo, llego antes de que empiece. Si me toca cantar con mi banda de amigos, soy el primero en afinar la guitarra. Si me invitan a un acto solidario, voy corriendo. Si me piden que grabe un saludo, lo hago. Si alguien demanda mi ayuda, una mano, le doy las dos. Pero si me llama mi esposa y me pide que la acompañe al supermercado, seguro le digo que no puedo hacerlo porque tengo que trabajar…

Y si me proponen que escriba un libro, me pongo a pensar cómo organizarme y hacerlo. En eso estaba a principios del año pasado. Pensaba que, si me ponía a escribir, por ahí conseguía parar un poco esta locura. También fantaseaba que, si vos lo leías, a lo mejor te ayudaba a que te propusieras un cambio. Por lo menos, iba a intentarlo. De ese intento se trata este libro. Pero hubo algo más. Algo totalmente inesperado para mí, para todos, que me obligó a parar en serio.

Espero que los deje con ganas de más.

¡Gracias a todos por estar amigos!

Lo que dice la gente

“Estimado Sergio, buenos días!
Mi nombre es Miguel Palermo, tengo 43 años y vivo en Ituzaingó, Pcia de bs.as, un laburador de esos que dicen que necesitan extender las horas el día para hacer mas cosas, un enfermo diría del trabajo, Encargado de una droguería(ventas de drogas medicinales) imagínate con este tema del covi como esta el mercado, aparte de esa responsabilidad tengo mi propio emprendimiento que hago refacciones de casas, plomería, electricidad de todo, lo cual demanda mucho esfuerzo y cintura con los horarios, como esto fuera poco soy profesor de artes marciales y doy tres veces por semana clases, entenderás por que desearía un dia con mas horas,  pero ayer me paso algo muy lindo, gratificante a la vez, he comprado tu ultimo  libro la semana pasada, mira como estoy de tiempo que ni ir a buscarlo pude, lo cual mande a mi hijo que trabaja cerca de la librería, ayer domingo esa suerte del destino me permitió justo un ratito antes del super del clásico river-boca detener la maquina, mire el libro lo abrí y arranque, Lape, me sentí muy identificado, tan asi que me olvide del partido, sentía la necesidad de consumir esas paginas y cada palabra, cada situación me pego muy de cerca, tuve momentos que se disparaba una sonrisa , otros donde tenia que hacer una pausa  beber agua y de seguir debido a los mensajes que parecían ser escritos para uno y que decir, otras líneas que ni el agua podía tapar, sin dudas eran lagrimas de reflexión, lo cual hacías que la atracción por seguir leyendo no parara, no soy de leer libros la falta de tiempo hace que sea imposible, pero ayer paso eso y realmente estoy agradecido, lo leí  en horas.
Quería agradecer, también he sufrido los achaques en el cuerpo por descuidos, siempre fui un deportista y hoy la falta de tiempo no permite que podamos hacer eso que nos hace tan bien y es tan saludable, tus palabras son muy motivadoras, reflexivas, sinceramente de ayer a hoy mi cabeza entro en un punto de signo de interrogación, donde entiendo que se debe parar, que la vida no es todo trabajo, mientras leia el libro en una de las líneas donde hablas que hay cosas que no vuelven, que son únicas e irrepetible, hice una pausa, abrace a mi hijo de 9 años y le dije lo mucho que lo amaba, quedamos pegados un rato y mientras pensaba en los otros dos hijos mas grande que tengo, que ya están en otra etapa de novias y juntadas, y ahí es donde me pregunte, el  tiempo pasa, ¿Cuántos recuerdos tengo de ello? ¡Es necesario andar a mil x hora? Ojala pueda seguir pensando de la manera que lo estoy haciendo ahora, será difícil, pero la vida tiene estas cosas, enseñanzas y sin pensarlo un libro de alguien con similares pensamientos nos hace dar cuenta de las cosas, Sergio, agradezco de corazón tus líneas, ojala también puedas frenar, vivir, disfrutar de esas pequeñas cosas cotidianas que nos da la vida, de mi parte quiero hacerlo, estoy dispuesto a ponerle pilas, como decís, tenemos fecha de vencimiento la cual desconocemos, aprovechemos y vivamos mientras se pueda, te mando un fuerte abrazo y dios quiera que algún día, en algún lugar pueda cruzarte y poder darte la mano fuerte y decirte, he parado la pelota ,pude venir hasta este hermoso árbol donde estas sentado debajo de el escribiendo tu próximo libro y quiero agradecerte en persona, por que sabes que, hoy tengo el tiempo para hacerlo.. por el momento, voy a seguir trabajando.”