martes, mayo 12, 2026
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Cuando estar presente ya es suficiente

Había una vez un árbol que se sentía agotado. Ya no era el de antes. Sus ramas daban pocos frutos, las hojas caían más rápido y el viento parecía recordárselo todo el tiempo: “Tu momento ya pasó”. 

El árbol empezó a creerlo. Se comparaba con lo que había sido, con lo que otros árboles todavía podían ofrecer. Y en silencio, como hacemos muchas veces las personas, empezó a sentirse inútil. 

Hasta que un día apareció un viajero. Venía cansado, con el cuerpo pesado y la cabeza llena de ruido. No buscaba frutas, ni flores, ni nada extraordinario. Solo necesitaba un lugar donde detenerse un rato. Entonces se sentó bajo la sombra de ese árbol viejo, apoyó la espalda en su tronco y, por primera vez en mucho tiempo, encontró calma. 

El viento seguía soplando. Las hojas seguían siendo pocas. Pero algo cambió. El árbol entendió que su valor no estaba únicamente en producir, rendir o demostrar. Su valor también estaba en aquello que ofrecía sin darse cuenta: refugio, tranquilidad, compañía, descanso. 

Tal vez ahí haya una enseñanza importante. Pasamos gran parte de la vida midiéndonos por resultados. Por cuánto hicimos, cuánto trabajamos, cuánto logramos, cuánto tenemos. Vivimos pensando que siempre hay que dar más. Más esfuerzo, más productividad, más respuestas. Como si nuestra importancia dependiera únicamente de eso. 

Pero hay momentos en los que simplemente estar alcanza. 

Estar para alguien. Escuchar. Acompañar. Dar un poco de paz en medio del cansancio ajeno. A veces eso vale muchísimo más de lo que imaginamos. 

Incluso cuando sentimos que estamos dando poco, quizá estamos siendo exactamente lo que otra persona necesita. Como ese viajero que no buscaba frutos: solo necesitaba un poco de sombra para descansar. 

No todo es como creemos. Ni todo depende de cómo pensamos que los demás esperan que seamos. 

A veces uno impacta en la vida de otros de maneras invisibles. Con gestos mínimos. Con presencia. Con calma. Con un silencio oportuno. 

Y quizás, sin darte cuenta, sos mucho más importante de lo que pensás. 

Te lo dice un amigo. 

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