Hay momentos en la vida para los que uno cree estar preparado. Los imagina, los espera, los sueña. Pero cuando finalmente llegan, descubre que la emoción es mucho más grande de lo que había pensado.
Nació Delfina, mi primera nieta. La hija de Mica y Tomi. Y desde que la vi por primera vez siento algo completamente nuevo.
Es difícil ponerlo en palabras. Quizás porque hay emociones que no necesitan demasiadas explicaciones. La miro, tan chiquita, y me quedo en silencio. La admiro. Me emociona verla y también ver a mi hija convertida en mamá.
Eso es otra cosa increíble. Ver a Mica en este nuevo lugar de su vida. Acompañarla durante tantos años, verla crecer, atravesar tantas etapas y, de repente, encontrarme frente a ella mientras sostiene a su propia hija.
La vida tiene esas vueltas maravillosas.
Con Bochi somos abuelos primerizos. Estamos aprendiendo qué significa eso. Seguramente nos equivocaremos, exageraremos, la vamos a querer malcriar un poquito y vamos a descubrir sobre la marcha cuál es nuestro lugar. Pero hay algo que entendimos desde el primer segundo: este amor es enorme.
Delfina llegó y nos cambió la familia.
Nos regaló una felicidad que cuesta describir. Lloramos, nos abrazamos, nos miramos sin necesidad de decir demasiado. También apareció una sensación muy profunda de agradecimiento. Por verla bien. Por ver bien a sus padres. Por poder estar todos juntos viviendo este momento.

Y no puedo dejar de felicitar a Mica y a Tomi. Ver el amor con el que recibieron a su hija me llena de orgullo. Comienza para ellos la aventura más importante de sus vidas y sé que Delfina va a crecer rodeada de cariño.
También está el tío Fran, por supuesto, igualmente feliz con la llegada de la nueva integrante de la familia.
Dicen que los nietos son una extensión de la vida. Ahora empiezo a entender realmente qué significa.
Es como si de repente se abriera una nueva historia dentro de nuestra propia historia. Una que recién comienza y que tendremos el privilegio de acompañar.
Bienvenida, Delfina Bartolomé Lapegüe. Te estábamos esperando. Y aunque recién llegaste, ya lograste algo enorme: hacernos inmensamente felices.
Bendiciones. Y gracias, gracias, gracias.
Te lo dice un amigo.






