Correr y realizar actividad física tiene múltiples beneficios, pero el entrenamiento intenso y prolongado también puede generar algunos cambios visibles en el rostro. Uno de ellos es conocido popularmente como “cara de runner”.
El término hace referencia a una apariencia más delgada o marcada del rostro que puede producirse por la pérdida de grasa subcutánea y la deshidratación. A esto se suman factores habituales en quienes entrenan al aire libre, como la exposición al sol, el viento, el sudor y la contaminación, que pueden afectar la piel.
Los especialistas recomiendan no concentrar toda la actividad física en unas pocas sesiones de alta intensidad, sino mantener el movimiento durante toda la semana. También destacan la importancia de hidratarse y utilizar protector solar, especialmente durante los entrenamientos al aire libre.

Después de hacer ejercicio, una buena hidratación y el cuidado de la barrera de la piel pueden ayudar a mantenerla en mejores condiciones.
La llamada “cara de runner”, entonces, no significa que correr sea perjudicial para el rostro, sino que determinados hábitos asociados al entrenamiento intenso pueden influir en la apariencia y el estado de la piel.









