sábado, julio 4, 2026
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Regicide: un cooperativo que convierte una baraja de naipes en una gran aventura

A veces los juegos más sorprendentes son también los más simples. Regicide, editado en Argentina por Devir dentro de su línea Pocket, parte de una idea tan sencilla como brillante: tomar una baraja francesa y convertirla en un desafiante juego cooperativo donde los jugadores deben derrotar a los reyes, reinas y jotas del mazo.

La premisa es clara. Entre uno y cuatro jugadores unen fuerzas para enfrentarse a doce enemigos, representados por las figuras de la baraja. Cada turno consiste en decidir qué cartas jugar para atacar, aprovechar las habilidades especiales de cada palo y, sobre todo, prepararse para el contraataque del enemigo. Porque si el grupo no logra defenderse, la partida termina para todos.

Lo que más me gustó de Regicide es cómo logra sacar muchísimo provecho de un sistema muy contenido. Las reglas son relativamente sencillas, pero las decisiones no lo son. Cada carta puede marcar la diferencia, y administrar bien la mano se vuelve fundamental para sobrevivir hasta el final.

Además, cada palo tiene una habilidad diferente que cambia por completo la forma de encarar la partida. Hay cartas que permiten recuperar otras del descarte, robar más cartas, duplicar el daño o mejorar la defensa, lo que obliga al grupo a coordinar constantemente qué jugar y cuándo hacerlo. Como si fuera poco, cada enemigo es inmune al poder de su propio palo, así que nunca existe una estrategia que funcione para todo.

Otro punto que me parece muy interesante es que, aunque sea un cooperativo, la comunicación entre los jugadores tiene ciertas limitaciones. No alcanza con decir “jugá esa carta”. Hay que interpretar la mesa, confiar en las decisiones de los demás y adaptarse sobre la marcha, algo que genera mucha tensión durante toda la partida.

Las partidas duran alrededor de 20 minutos y funcionan muy bien tanto en solitario como con hasta cuatro jugadores. Es de esos juegos que se explican rápido, ocupan muy poco espacio y, cuando terminan, suelen dejar una sensación inmediata de revancha.

En definitiva, Regicide demuestra que no hacen falta cientos de componentes para ofrecer una gran experiencia. Con una mecánica elegante, decisiones constantes y un desafío que obliga a pensar cada movimiento, se convierte en uno de esos cooperativos pequeños que sorprenden mucho más de lo que aparentan.

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