lunes, junio 24, 2024
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A veces es mejor hacer silencio

Imagínense un tren. Un papá y un hijo de unos 25 años juntos, sentados en uno de los vagones, mirando a través de la ventana. El chico, cuando veía las cosas a través de la ventana, gritaba asombrado: “¡Papá, papá, mirá! ¡Los árboles se mueven y se van alejando!”.  

Claro, todos en el tren lo miraban. Ya no era un chico. Pero se sorprendía con cómo los árboles se alejaban cuando el tren avanzaba.  

El papá sonrió. Le tocó el hombro y lo abrazaba. Había una joven pareja sentada cerca, que notó el comportamiento infantil de este muchacho y lo miraba con un dejo de lástima, sorprendida. 

El joven de 25 años volvió a gritar: “¡Papá, papá! Mirá, las nubes están corriendo con nosotros, ¡qué increíble!” El papá lo abrazaba, sonreía…  

Hasta que la pareja que estaba al lado no pudo resistirse y preguntó: “Señor, disculpe, pero ¿cuántos años tiene su hijo? ¿Por qué no lo lleva a un buen doctor? Muestra un comportamiento infantil; evidentemente debe tener algún problema”.  

El padre sonrió. Y respondió: “Sí, venimos de ver al médico. Estuvimos en el hospital y lo tratamos, por suerte. Mi hijo era ciego de nacimiento y hoy es el primer día de su vida que puede ver”.  

Tantas veces hablamos sin saber y metemos la pata. A veces es mejor hacer silencio, vivir tu vida y dejar que cada uno siga por su propio camino. La pareja se habrá arrepentido, pero seguramente se llevó una gran enseñanza

Te lo dice un amigo. 

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