sábado, noviembre 26, 2022
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Cuando la magia de la calesita llegó a Lomas de Zamora

La calesita resiste el paso del tiempo. Está presente en Lomas desde hace décadas. Fue motivo de alegría, divertimento y admiración de muchas generaciones. Es un referente cultural y social del barrio. Miles de vecinos, adultos, jóvenes y niños, la han disfrutado y lo seguirán haciendo. Los invito a viajar en el tiempo. 

Allá por 1936 llegó la calesita a Lomas de Zamora y recién en 1949 se instaló definitivamente en la esquina de Portela y Manuel Castro, sobre la Plaza Grigera, a muy pocos metros del Palacio Municipal. Con el correr de los años, otras calesitas se fueron instalando en Lomas. Entonces, en otras plazas la alegría de los chicos se pudo disfrutar con esas plataformas giratorias mágicas. Plaza Libertad, Plaza Colón, Plaza Steingberg (Cerrito), Finky, es decir, en Lomas, Temperley y Banfield, la oferta de calesitas hacían muy atractivo el paseo familiar de los feriados y fines de semana. 

En los Estados Unidos, México y en la Argentina, las calesitas van en sentido contrario a la agujas del reloj. En muchos países de Europa (Inglaterra, Holanda, Bélgica, Alemania, etcétera), los carruseles van en el sentido horario. Y la diferencia, según los historiadores, todavía es motivo de especulación. 

Hacia mitad del siglo XIX se desarrolló un carrusel de plataforma para reducir los riegos a los chicos, donde los animales y las carrozas se moverían en círculo sobre una plataforma circular suspendida del eje o poste central. Con los avances de la Revolución Industrial se hicieron mecanismos con engranajes y cigüeñales para dar a los postes el típico movimiento de sube y baja, al girar alrededor del poste central. Era común tener órganos u otros instrumentos musicales automáticos y pronto aparecieron los motores eléctricos y las luces que dieron a las calesitas su estilo clásico. 

Las calesitas en Buenos Aires, como la nuestra de Lomas, tuvieron un gran auge durante gran parte del siglo XX. Actualmente existen en algunos barrios, aunque son menos de 50 las que todavía resisten el paso del tiempo en las plazas de la ciudad y el Conurbano. La mayoría con piezas artesanales y de gran valor histórico para ser declaradas patrimonio cultural. Más allá de esto y de la apretada historia que reflejamos en estas pocas líneas, la magia del carrusel o la calesita nunca desaparecerá de nuestra memoria. Un paseo mágico a nuestra infancia y por qué no, a nuestra adultez. 

Artículo publicado en el diario La Unión de Lomas de Zamora.

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