¡Hola, amigos! Hoy les quiero contar una historia que escuché hace un tiempo que nos enseña la importancia de mirar a tu alrededor.
Durante uno de los últimos cursos de un alumno en la escuela, el profesor puso un examen. El alumno, como te pasaba a vos, como me pasaba a mí, lee todas las preguntas y va respondiendo una por una, a medida que las va conociendo. La mayoría hace primero las que le salen primero, porque el tiempo pasa, ¿no?
Cuando llegó a la última pregunta, el alumno se sorprendió: “¿Cuál es el nombre de la mujer que limpia la escuela?”.
Pensó que se trataba de una broma. Es que claro, ¿cómo iba a saber él el nombre de la señora que limpia en la escuela? ¿Qué tenía que ver eso con la carrera que había elegido? El alumno pensó: “Vi muchas veces a esa mujer. Es alta, de cabellos oscuros, unos 50 años… pero, ¿cómo voy a saber su nombre?”. Entregó el examen y dejó esa pregunta en blanco.
Antes de que terminara la clase, uno de sus compañeros le preguntó al profesor si la última pregunta contaría para la nota del examen. El profesor dijo: “Por supuesto…”.
“En sus vidas, ustedes van a conocer a muchas personas. Todas son importantes, todas merecen su atención. Todas merecen cuidado. Aunque sólo les sonrían y les digan hola”, les explicó.
Sin dudas, los alumnos aprendieron la lección, que era mucho más que eso: era una lección de vida.
A veces uno va tan rápido pensando qué es lo que va a hacer en los próximos minutos que se olvida de aquellas personas que han estado siempre. Me pasa a mí, te pasa a vos, les pasa a todos. Nos vamos tan rápido de un lugar para llegar rápido a otro… y luego no sabemos qué hacer.
Miremos más alrededor, concentrémonos en quienes están cerca nuestro y al menos preguntémoles el nombre, cómo están.
Ah, la señora se llamaba Dorothy.
Te lo dice un amigo.






