Un artículo de The Conversation explica que “al predominar el hemisferio derecho en los zurdos, éstos están mejor dotados para ciertas actividades, sobre todo las relacionadas con el arte, la música, la pintura o la interpretación. Por el contrario, los diestros lo estarían para las actividades representadas en el hemisferio izquierdo como la escritura y el cálculo”.
Agrega que “lejos de preocuparnos si uno de nuestros hijos es zurdo, lo esencial es evitar que nadie le obligue a utilizar forzadamente el miembro contrario cuando su cerebro, de forma natural, le insta a que utilice su miembro dominante”.
En este punto conviene destacar que el hecho de que un niño nazca zurdo es una particularidad neurológica normal. Los médicos y pedagogos recomiendan respetar la preferencia natural del niño sin intentar cambiarla, como se hacía en otras épocas.
“Además, a los zurdos se les debería facilitar en lo posible instrumentos como tijeras, reglas y libretas para zurdos (tienen las anillas a la derecha, donde no molestan) y, en el aula, sillas con área de escritura a la izquierda”, aconseja el artículo.
Volviendo a los orígenes de ser o no zurdo, aunque no es concluyente, es probable que de padres con esta característica nazcan hijos similares.

Hay que recordar también que la zurdera es el resultado de una combinación de factores genéticos y ambientales. Si bien es una característica que puede pasar de una a otra generación, no sigue patrones de herencia simples como el color de ojos o el cabello. La predisposición a ser zurdo es multifactorial porque está influenciada por varios genes y también por aspectos del desarrollo del cerebro y del entorno.
Entonces, un hijo zurdo en el árbol genealógico puede reflejar una predisposición genética, pero no significa que todos los descendientes serán zurdos. En cambio, sí que es posible que existan más miembros con esta lateralidad en generaciones posteriores.









