Un escudo puede parecer apenas un dibujo sobre un papel, pero detrás de cada uno hay Una historia que condensa identidad, símbolos y decisiones. En Lomas de Zamora, esa marca oficial tardó más de un siglo en consolidarse. Y su camino, lleno de curiosidades y transformaciones, dice tanto sobre el municipio como cualquier archivo o documento.
Aunque el distrito fue fundado en el siglo XIX, su emblema recién se adoptó oficialmente en 1968, más de cien años después. Hasta entonces, lo que existía eran referencias dispersas. La primera, según los registros históricos, pertenece a Francisco Portela -nieto de Tomás Grigera, uno de los fundadores de la zona-, quien en su rol de juez de paz utilizó un sello con una paloma en vuelo que sostenía una rama de olivo. Esa imagen, simple pero cargada de sentido, funcionó durante décadas como distintivo extraoficial de la comunidad.
La oficialización llegó recién durante la gestión del teniente coronel José Piñeiro. En 1968, el gobierno municipal impulsó una ordenanza que convocaba a un concurso abierto para definir el nuevo escudo. El jurado estuvo compuesto por vecinos reconocidos del distrito, y tras analizar las propuestas eligieron la presentada por el artista plástico Heriberto Briega.
Su diseño combinaba elementos naturales, históricos y culturales en una composición clara y equilibrada: en el centro se veía el sol naciente con siete rayos que emergían detrás de las suaves lomadas, una alusión directa al paisaje que da nombre al municipio. En el interior, Briega integró varios símbolos: la paloma blanca que evocaba el antiguo nombre de “Pueblo de la Paz”; una pluma que representaba la cultura; una rueda, emblema del trabajo y el comercio; y las letras “L” y “Z”, iniciales de Lomas de Zamora, que dividían el campo del escudo.
El nuevo emblema fue adoptado oficialmente el 10 de septiembre de ese año y, pocos años después, su uso se volvió obligatorio. En 1972, durante la intendencia de Ignacio Candaosa, se dispuso que todas las dependencias públicas, escuelas y documentos oficiales llevaran la insignia aprobada.
A partir de entonces, el escudo empezó a aparecer en cada trámite, cartel y publicación municipal, consolidando su papel como símbolo institucional. Pero la historia no terminó ahí. En 2007, casi cuatro décadas más tarde, la Municipalidad decidió actualizarlo.
Se optó por una versión más moderna y simplificada, sin abandonar la estructura original. El rediseño mantuvo las letras “L” y “Z”, ahora en color celeste, que dividen dos campos -uno azul y otro rojo-. Esa es la versión que sigue vigente hoy, la misma que encabeza las boletas que llegan cada mes a los hogares lomenses. ¡Hasta la semana que viene, amigos!






