lunes, junio 24, 2024
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Los Iberra, la familia de malevos que inspiró a Borges

¡Hola, amigos de La Unión! Hoy les quiero contar una historia que vincula a Jorge Luis Borges con Lomas de Zamora, nuestro barrio. Mejor dicho, con varios personajes de nuestra comunidad. El artículo de este domingo está relacionado con la familia Iberra, con las pulperías, guapos y cuchilleros que tanto cautivaban al genial escritor argentino.  

Viajemos a fines del siglo XIX. Evaristo Ramos era un personaje muy conocido en Temperley. Encargado de cobrar derecho de peaje a las carretas que transitaban el Camino Real (actual avenida Hipólito Yrigoyen), en su chacra nació Eustaquio Iberra, retoño de una vieja y conocida familia lomense. Don Eustaquio se casó con Isabel Ramos, hija de Evaristo, y tuvieron seis hijos: María Mercedes, Margarita, Francisco, Inocencio, Calixto y Eustaquio. 

Otro familiar, Roberto Iberra, más conocido como el Ñato, era el dueño de un horno de ladrillos y de campos heredados de sus mayores. A principios de la década del 20, todos en Lomas conocían su hombría y guapeza.  

Estos nombres llegaron a oídos de Borges y se interesó en conocer sus historias. En una visita a la Municipalidad de Lomas, cuando Ricardo Costantino era Director de Cultura, le pidió que le presentara a don Eustaquio Iberra. Fueron hasta la casona de la esquina rosada de Sáenz y Azara y tocó las paredes antiguas. “Tiene rejas y arcos y carece de ochava”, comentó Jorge Luis Borges. Preguntó si era una de las primeras casas del barrio y luego recorrió cansinamente la galería. Se sentó con don Eustaquio para conocer en detalle las andanzas del Ñato. 

Con los años se infirió que Borges tomó nota de aquella charla y se inspiró para escribir versos tan conocidos de su poema “El Tango”: “Y ese Iberra fatal (de quien los santos se apiaden) que en el puente de la vía mató a su hermano el Ñato que debía más muertes que él, y así igualó los tantos”. 

Al parecer, el apellido lo cautivó, trayéndole recuerdos de milongas bravías y de entreveros orilleros y de guapos. Al Ñato lo mató su propio hermano dentro de una vieja casa de Turdera, por una cuestión de polleras o porque se le escapó un tiro.  

Lo cierto es que el Ñato nunca mató a nadie. Fue un hombre duro, sí, y muchas veces se lo vio a los gritos con rebenque en mano abrir violentamente las puertas de un despacho municipal reclamando por alguna causa que él creía justa. Anduvo en líos, como cuando se tiroteó con la policía por resistirse a la autoridad. Fue detenido junto a su compañera y los trasladaron en tren a La Plata con fuerte custodia. Antes de llegar a una curva en Quilmes, donde el tren bajaba la velocidad, pidieron ir al baño. Se tiraron por la ventanilla del vagón y allí los esperaban dos amigos a caballo para huir. En fin, amigos, otra historia interesantísima sobre el pasado de nuestro barrio. ¡Hasta la semana que viene! 

Artículo publicado en el diario La Unión.

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