miércoles, abril 17, 2024
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El reconocido psicólogo y educador rosarino Eduardo Marostica presenta su nuevo libro sobre nuevas masculinidades, machismo y deconstrucción

En su nuevo ensayo Los príncipes azules destiñen: supervivencia masculina en tiempos de deconstrucción, publicado ahora en diciembre por Galáctica Ediciones, el reconocido psicólogo, educador y narrador rosarino Eduardo Marostica se interroga acerca de la contemporánea “deconstrucción de las masculinidades”, al tiempo que emprende una profunda reflexión sobre los mandatos y modelos que signaron su propia biografía como hombre.

Eduardo Marostica se involucra en su propio devenir varón. Rastrea y expone las marcas que lo llevaron a la construcción de su masculinidad y, además, se pregunta por esas marcas en otros hombres.

Resulta difícil encasillar este libro en un género: mosaiquismo literario, o quizás, ensayo profano. Hay aquí un bello despliegue de escritura que se filtra en las historias que matizan la lectura, perturbadoras, provocadoras, algunas rozando lo sacrílego.

Si la crisis de la masculinidad supone, entre otras cosas, el agotamiento de los modelos en función de los cuales esas masculinidades se formaron, surge la expectativa de otro modo de relacionarse y constituirse sujetos. Esa crisis se aborda en este libro desde preguntas que incomodan, que hacen que no podamos quedarnos quietos en nuestros sillones mientras leemos, porque también nos interpela y nos horada el cuerpo.

Los príncipes azules destiñen: supervivencia masculina en tiempos de deconstrucción / Eduardo Marostica. 

2a ed. ampliada. 

Galáctica Ediciones, 2023.

ISBN: 9789873785856

“Eduardo Marostica se pregunta y cuestiona sobre el “deber ser” de los varones y en la construcción de las masculinidades de hoy en día

www.diarioconvos.com

“La crisis de la masculinidad, las incomodidades que generan los cambios y los mandatos son algunos de los planteos que surgen aquí, donde Eduardo Marostica, indaga sobre la construcción de la identidad masculina y los fuertes cuestionamientos de la actualidad”

Paola Soldano Télam

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¿Quién es el autor? 

Eduardo Marostica (IG: @eduardo.marostica.escritor) es psicólogo recibido en la Universidad Nacional de Rosario, Especialista en Docencia Universitaria por la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) y capacitador en temas relacionados a ESI y masculinidades. Trabaja cotidianamente como docente universitario y escritor. En 1991 ganó el concurso de poesía “Luigi Pirandello” organizado por el periódico Giornale Latino de la ciudad de Las Rosas. Y en 2012 publicó Cuánto amor (2012), la historia de una familia rosarina dividida por las antinomias de la Argentina de los 60  y 70 y unida a partir de la tragedia de uno de sus integrantes en los tiempos de la última dictadura militar. 

También publicó el libro El viaje de Camila y otros relatos (2020), declarado de interés municipal y provincial por el Concejo Municipal de Rosario, y la Cámara de Diputados de Santa Fe, por su abordaje de la problemática ESI en su contenido.

Desde el año 2020 dirige el Programa “Cecilia Grierson” de Políticas de Género de FAGDUT. En 2022, creó la Escuela de género “Micaela García”, proyecto seleccionado por la convocatoria “Macachas y Remedios” del Ministerio de Mujeres, Géneros y Diversidad de la Nación. A fines de 2022 publicó En el ojo de la tormenta (2022), donde aborda la problemática de la construcción de las masculinidades. 

Acerca de los príncipes y las cenicientas

Extracto del nuevo libro Los príncipes azules destiñen: supervivencia masculina en tiempos de deconstrucción (Galáctica Ediciones 2023), del psicólogo y educador rosarino Eduardo Marostica.

“Los príncipes azules se destiñen al primer lavado”, dijo mi amiga, apuntando a la cabeza de los ideales patriarcales. ¿Y qué vendría a significar desteñirse? Lo más obvio es perder el color. Pero hay algo más en esa pérdida, como si esta decoloración, que se asemeja a un maquillaje que se corre, develara un rostro demacrado: un príncipe desteñido, que ya no cuenta con esa aura azul… Y más allá de que conserve su título nobiliario, queda despojado de la magia de la seducción: sus artes de encantamiento pierden poder e, inevitablemente, del otro lado, genera decepción. 

Tal vez ese sea el punto, porque el azul de un príncipe es la medida del hechizo que profiere. Sin encanto, ese muchacho será como cualquier otro, se volverá ordinario y corriente. Condenado a encantar, vive con la adrenalina de la proeza en sus poderosos brazos, pero también con la incertidumbre de que sus bolsillos queden vacíos de sorpresas para hipnotizar a cenicientas doncellas pacientes y receptivas al milagro del amor. 

El príncipe azul es una metáfora patriarcal del ideal masculino. Un tipo galante, conquistador, que sabe enamorar. Un recitador y amante indiscutible y, por supuesto, un ganador per se. Un tipo que no puede ni se permite decepcionar. La sangre azul circula por sus venas, y eso lo vuelve siempre especial y con expectativas bien altas. Sin embargo, la némesis de ese tipo triunfador y deseado es… un varón cualquiera, uno del montón, que a nadie interesa ni llama la atención. Y no es como Cenicienta, a quien le espera un futuro de carrozas y de magia tras las humillaciones que recibe por su condición humilde. Al príncipe azul, en cambio, le ocurre que cuando destiñe no hay forma de levantarlo de su tumba social. De la decepción del fraude no se vuelve. Tal vez sea el momento de ponerle fichas al tipo común, al que no necesita atribuirse valores azules… Porque ese modelo, como dicen mis hijos, ya no garpa. Ya fue. Y reconocer que algo ya fue es el principio de la deconstrucción. La nobleza es patriarcal y el príncipe azul también: ¿Por qué no pensar que estos modelos que se destiñen tienen el germen de una nueva realidad posible? Ya no pensar en ideales estereotipados, sino ser nosotros mismos, con nuestros miedos e inseguridades. En otras palabras, permitirnos ser auténticos y humanos. Convencernos, aunque nos hayan hecho creer que nuestro espejo era azul, de que es mejor vivir a cara lavada y sin ropajes superfluos, aspirando a vincularnos interhumanamente de manera más real, más sincera, sin mirar de reojo absurdos mandatos que, con el peso social que conllevan, solo nos aplastan la felicidad de nuestra existencia.

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