domingo, octubre 24, 2021
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Desconectarse para conectar

El lunes fue el día en que todos, de manera forzada, probamos cómo era la vida antes de los smartphones, las apps y las redes sociales. Es cierto, no se cayeron todas, pero sí las que más usamos: WhatsApp, Instagram y Facebook. ¡Hasta volvimos a hablar por teléfono!

Es cierto, para muchos fue un dolor de cabeza. Miles y miles de personas dependen 100% de estas plataformas para trabajar o enviar mensajes importantes. Pero para muchos otros fue una oportunidad para desconectarse de lo digital.

¿Alguien se imagina la vida sin estar conectado? ¿Cada cuánto tiempo miramos el celular? ¿Cada cuánto tiempo dejamos lo que estamos haciendo y, sin pensarlo, nuestros dedos terminan sobre el teclado para verificar si alguien nos “habló”?

Hace un tiempo, en unas vacaciones familiares, compré un celular nuevo y no pude hacer la transferencia de historial de WhatsApp. Como si fuera un designio del destino, estuve las tres semanas completas de esas vacaciones sin estar conectado. Sin WhatsApp. Al principio estaba irascible. Parecía perdido. No podía ser que yo estuviera incomunicado. ¿Cómo podía pasarme eso a mí? ¿Y si alguien me llamaba para algún trabajo? No sé, conducir un evento o dar una charla. O simplemente un amigo que quisiera verme. Me taladraban la cabeza muchas preguntas más que no tenían respuesta. Aunque no tardé en comprender que sí había una respuesta, y que debía buscarla entre mi familia y mis amigos. Ahí justamente.

Empecé a ver todo de otro modo. Volví a jugar con mis hijos. Volví a mirar a mi mujer. Cuando vas en un tren bala, no observás a nadie. Estás esperando que llegue la próxima estación para ser feliz o para mirar a tu alrededor. Y esa estación nunca llega. Y el tiempo va pasando tan rápido, como la velocidad que lleva el tren bala. Y cuando el tiempo se evapora, no se recupera. Ya pasó. Listo. No hay vuelta atrás.

Volví a hablar con mis amigos. Volví a escuchar. Empecé a mirar en silencio a otras personas que estaban de vacaciones como yo. Volví a leer. ¿Entienden esto tan elemental? Leer. Había dejado de leer. Estaba tan metido con las noticias que lo único que leía eran los diarios. Aproveché el tiempo para leer un buen libro. Para meterme en la cabeza de un escritor. Es maravilloso. Pude hacer todo eso obligado por las circunstancias.

Durante ese paréntesis, nos reímos, jugamos, charlamos, nos miramos, tomamos sol, sin presiones ni tiempo, sin un reloj que nos pusiera un límite. A veces, desconectarse está bueno.

Te lo dice un amigo.

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