martes, julio 14, 2026
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La felicidad no se encuentra, se descubre

Hay una vieja historia que siempre vuelve a mi cabeza cuando pienso en la felicidad. 

Cuenta que un grupo de demonios se reunió para idear la mejor manera de perjudicar a la humanidad. Después de debatir durante un largo rato, uno lanzó la primera propuesta: “Saquémosles el poder”. Pero enseguida la descartaron. “No sirve. Tarde o temprano encontrarán la forma de recuperarlo”. 

Otro sugirió quitarles el dinero. Tampoco convenció. Sabían que, con esfuerzo y perseverancia, las personas volverían a conseguirlo. Cada idea terminaba con la misma conclusión: el ser humano siempre encuentra la manera de salir adelante. 

Hasta que alguien hizo una propuesta diferente. 

“¿Y si les quitamos la felicidad?” 

La idea entusiasmó a todos. Solo quedaba resolver un problema: dónde esconderla para que jamás pudieran recuperarla. 

Pensaron en la cima de la montaña más alta del planeta. Pero alguien respondió que, tarde o temprano, el hombre llegaría hasta allí. Después consideraron ocultarla en lo más profundo del océano, aunque también descartaron esa opción: algún día construirían un submarino capaz de alcanzarla. 

Entonces habló el único que había permanecido en silencio durante toda la reunión. 

“Escondámosla dentro de cada uno de ellos. Pasarán la vida buscándola en todas partes, menos en el único lugar donde realmente está.” 

Y, según cuenta la historia, eso fue exactamente lo que ocurrió. 

Quizás por eso tantas veces creemos que la felicidad depende de conseguir algo más: un mejor trabajo, más dinero, otra casa, otro auto o cualquier meta que imaginamos indispensable. Vivimos mirando hacia afuera, convencidos de que ahí encontraremos lo que nos falta. 

Sin embargo, muchas veces la felicidad ya está con nosotros. Está en la salud, en la familia, en los amigos, en una charla, en un abrazo, en esos pequeños momentos cotidianos que solemos pasar por alto. 

La enseñanza es simple, aunque no siempre fácil de recordar: aprendé a disfrutar lo que tenés hoy, sin postergar la felicidad para un futuro incierto. Porque, tal vez, aquello que llevás tanto tiempo buscando nunca estuvo lejos. Siempre estuvo dentro de vos. 

Te lo dice un amigo.

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