miércoles, octubre 28, 2026
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No todo lo que hacen otros tiene que ver con vos

¿Nunca te pasó que alguien no te saluda, no te contesta un mensaje o de repente empieza a tratarte distinto? Y ahí empezás a pensar. ¿Qué hice mal? ¿Dije algo que le molestó? ¿Por qué cambió su actitud conmigo? 

A mí me pasa. Y estoy seguro de que a vos también. 

A veces nos quedamos enganchados con esas situaciones mucho más tiempo del que deberíamos. Le damos vueltas y vueltas, buscamos explicaciones, repasamos conversaciones y hasta nos cuestionamos cosas que hicimos o dijimos. Como si necesariamente hubiera algo nuestro detrás de la actitud del otro. 

Pero hay algo que con los años fui aprendiendo: no todo lo que hacen los demás tiene que ver con nosotros. 

A veces las personas se alejan. A veces no responden, no saludan, ocultan la verdad o simplemente no actúan como esperábamos. Y claro que duele. Sobre todo cuando uno siente que siempre tuvo una buena actitud, que estuvo presente, que trató al otro con cariño y respeto. 

Pero que alguien no te devuelva ese trato no significa que hayas hecho algo malo. Ni que te falte algo. Ni mucho menos que valgas menos. 

El problema es que muchas veces terminamos poniendo nuestro bienestar en manos de las actitudes de los demás. Si alguien nos saluda, estamos contentos. Si no nos responde, nos angustiamos. Si se aleja, pensamos que la culpa es nuestra. 

Y la verdad es que no podemos vivir así. 

Porque hay algo que no podemos controlar: lo que sienten los demás, cómo actúan o qué decisiones toman. Por más que queramos entenderlo todo, hay respuestas que quizás nunca lleguen. 

Lo que sí podemos elegir es cuánto tiempo les dedicamos a esas preguntas. Cuántas veces vamos a seguir cuestionándonos por algo que hizo otra persona. Y, sobre todo, cuánto vamos a permitir que eso nos afecte. 

Ojo, no estoy diciendo que haya que justificar a quien nos lastima. Tampoco que tengamos que hacer de cuenta que no pasó nada. Si algo te molesta, te duele o te decepciona, está bien reconocerlo. 

Pero hay una diferencia enorme entre aceptar que algo nos dolió y permitir que eso determine cuánto valemos. 

Que alguien no te salude no significa que no seas importante. Que no te contesten un llamado no quiere decir que no merezcas atención. Y que alguien se aleje de tu vida no necesariamente significa que hayas fallado. 

A veces tenemos que aprender a dejar de buscar explicaciones donde no las hay. A entender que cada persona tiene sus propias maneras de actuar, sus problemas, sus contradicciones y sus decisiones. 

Y que no todo es responsabilidad nuestra. 

Por eso, la próxima vez que alguien tenga una actitud que te duela, antes de empezar a preguntarte qué hiciste mal, pensá en esto: muchas veces, lo que el otro hace habla mucho más de quién es esa persona que de quién sos vos. 

No te olvides de eso. 

Te lo dice un amigo.

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