Aunque se han registrado mejoras temporarias en algunos indicadores económicos durante los últimos períodos, la pobreza sigue siendo una realidad para casi la mitad de las niñas y los niños menores de 14 años en Argentina.
Según los datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), correspondientes al primer semestre de 2026, la pobreza alcanzó al 44,5 % de las personas menores de 14 años, 3,2 puntos porcentuales más que en el semestre anterior. En el mismo período, la pobreza afectó al 32,3 % de la población general y la indigencia alcanzó al 7,5 %. Estas cifras reflejan la magnitud de una problemática que sigue afectando las condiciones de vida de miles de familias y las oportunidades de desarrollo de niñas, niños y adolescentes.
Más allá de los datos, la pobreza se expresa en las dificultades cotidianas que enfrentan muchas infancias para acceder a una alimentación adecuada, una vivienda digna, educación y servicios básicos. Estas condiciones no solo afectan su bienestar presente, sino que también pueden limitar sus posibilidades de aprender, desarrollar sus capacidades y proyectar su futuro.
Además, las desigualdades sociales y territoriales, la inestabilidad laboral y las dificultades para acceder a recursos y servicios esenciales profundizan las barreras que enfrentan muchas familias para garantizar el cuidado y el bienestar de sus hijos e hijas. Por eso, la pobreza no puede entenderse únicamente como una falta de ingresos, sino también como una realidad que limita el ejercicio de derechos fundamentales.
Frente a este panorama, desde Aldeas Infantiles Argentina promovemos el cuidado y la protección de las infancias y el fortalecimiento de los entornos familiares para que cada niña, niño y adolescente pueda crecer pueda crecer en un ambiente protector, rodeado de vínculos afectivos y contar con las condiciones necesarias para desarrollarse plenamente.
Erradicar la pobreza requiere un compromiso colectivo y acciones sostenidas en el tiempo. El Estado, las organizaciones sociales, el sector privado y la comunidad tenemos un papel fundamental en la construcción de una sociedad en la que todas las infancias puedan crecer en condiciones dignas y construir su futuro sin que la pobreza determine sus oportunidades.
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