Hay cosas que salen como las planeamos y otras que se nos escapan de las manos. Una respuesta que no llega, un cambio que no esperábamos, una decisión ajena que nos afecta. Y ahí empieza la cabeza: repasamos lo que pasó, imaginamos qué podría haber sido distinto y buscamos una explicación para algo que, quizás, no tiene una respuesta sencilla.
Es humano. A todos nos pasa. El problema aparece cuando gastamos toda nuestra energía en intentar controlar lo que no depende de nosotros. Nos enojamos con lo que ya ocurrió, nos angustiamos por lo que todavía no sabemos y dejamos de ver qué podemos hacer hoy.
Aceptar que hay cosas que no podemos cambiar no significa resignarse. Tampoco quiere decir que nada importe. Significa reconocer dónde termina nuestro control y dónde empieza nuestra responsabilidad. No elegimos todas las circunstancias, pero sí podemos pensar qué hacer frente a ellas.
A veces la respuesta es dar un paso. Otras, esperar antes de reaccionar, pedir ayuda o cambiar de rumbo. Y también hay momentos en los que lo único posible es atravesar el día de la mejor manera que podamos. No hace falta resolver toda la vida de una vez.
Me gusta pensar que la energía es como una reserva que conviene cuidar. Si la usamos entera en la bronca, la queja o la preocupación por lo que no está en nuestras manos, nos queda menos para aquello que sí podemos transformar: una decisión, una conversación, un hábito, una manera de tratarnos.
No siempre vamos a poder elegir lo que nos pasa. Pero podemos intentar elegir dónde ponemos la mirada y qué hacemos con lo que tenemos delante. A veces, ese pequeño cambio no resuelve todo, pero ayuda a recuperar el rumbo.
La próxima vez que algo te preocupe, probá preguntarte: ¿hay algo concreto que pueda hacer ahora? Si la respuesta es sí, empezá por ahí. Si es no, quizás sea momento de dejar de pelearte con lo inevitable y guardar fuerzas para cuando aparezca una oportunidad de actuar.
No todo depende de vos. Pero tu energía merece estar puesta en algo que sí pueda acercarte a la vida que querés.
Te lo dice un amigo.






