Un día sos joven y, casi sin darte cuenta, algo cambia. No es un golpe brusco ni una alarma que suena: es más bien una sucesión de pequeños gestos que, juntos, te avisan que estás entrando en otra etapa.
Un día sos joven y bailás sin pensar en nada más que en la música. Al otro, te descubrís aplaudiendo desde un costado, celebrando que otros bailen. No es que no puedas: es que ya no lo necesitás. Un día sos joven y te morís de ganas de salir; al siguiente, la mejor invitación es quedarte en casa, elegir una serie y apagar el mundo por un rato.
Un día sos joven y el clima te da igual. Al otro, te alegrás sinceramente porque salió el sol… no por la playa ni por el paseo, sino porque así se va a secar la ropa. Y ahí estás, mirando el cielo, calculando tiempos, agradeciendo algo tan simple como una tarde sin humedad.
Un día sos joven y las bolsas se tiran. Al otro, las doblás prolijamente y las guardás dentro de otra bolsa, sin saber muy bien para qué, pero con la certeza de que en algún momento van a servir. Y sirven. Siempre sirven.
Un día sos joven y confiás en tu memoria. Al otro, empezás a anotar contraseñas en algún cuaderno, en el celular, en una nota que jurás no perder. Te dicen que no repitas la misma en todos lados, y asentís con seriedad, como si estuvieras cuidando un pequeño tesoro.
Y un día sos joven y te tomás lo que sea, cuando sea. Al otro, un vino de más te pasa factura y hasta el pan puede caer pesado. El cuerpo empieza a hablarte con otro tono, menos indulgente, más honesto.
No es una queja. Tampoco una derrota. Es, simplemente, la vida avanzando. Por eso a los jóvenes les decimos “disfruten”, no desde la nostalgia amarga, sino desde la experiencia. Porque cada etapa tiene su gracia: la despreocupación de antes y la calma de después; el ruido y el silencio; la euforia y el disfrute de lo simple.
Crecer no es dejar de vivir. Es aprender a celebrar otras cosas. Y, a veces, descubrir que la felicidad también puede ser una tarde de sol, una casa en orden y una bolsa guardada dentro de otra bolsa, esperando su momento.
Te lo dice un amigo.






