martes, enero 13, 2026
InicioDe Puño y Letra Lomas de ZamoraLa Plaza Tomás Espora, una pausa que creció con el ferrocarril en...

La Plaza Tomás Espora, una pausa que creció con el ferrocarril en Temperley

Cuando el termómetro sube y el asfalto arde, cualquier trocito de sombra se vuelve un refugio. En Temperley, casi pegada a las vías, la Plaza Tomás Espora funciona como ese respiro breve que permite bajar un cambio, sentarse un rato y esquivar el bochorno.

No compite en tamaño ni en frondosidad con otros espacios del distrito (el parque Finky, enorme, queda a pocas cuadras), pero cumple. Es un punto de pausa para quienes van y vienen del trabajo y necesitan cinco minutos de frescura. Muchos pasan por ahí a diario. No tantos conocen cómo nació. La historia arranca en octubre de 1870. El británico Jorge Temperley, uno de los pioneros de la zona, realizó el primer loteo de esos campos y el lugar empezó a poblarse, sobre todo, con compatriotas suyos.

Diez años después, en 1880, las autoridades ferroviarias levantaron la estación. Ese avance disparó una serie de obras que buscaban acompañar el crecimiento vertiginoso. Con el tiempo se construyeron dos puentes carreteros: uno entre Avellaneda y 14 de Julio; el otro entre la avenida 9 de Julio y Eva Perón.

La década del 20 trajo otro capítulo. Miles de europeos, todavía sacudidos por las secuelas de la Primera Guerra Mundial, eligieron estas tierras para recomenzar y darles algo de calma a sus familias. Ese aluvión dio impulso final a la creación de una entidad cultural bautizada Juan Bautista Alberdi, que gestionó ante el Ferrocarril del Sud un espacio común para la comunidad. Tras los primeros trabajos, del lado oeste de la estación empezó a delinearse la futura plaza. Nació con otro nombre: Ministro Canning.

Hubo que esperar hasta 1933 para que la Municipalidad de Lomas decidiera rebautizarla. Desde entonces se llama plaza Espora, en homenaje al coronel Tomás Espora, figura destacada de la Armada, que combatió junto al almirante Guillermo Brown en el Río de la Plata. También integró la flota de guerra de Hipólito Bouchard en la campaña que, bajo el mando del general José de San Martín, permitió la liberación del Perú. Décadas más tarde, en 1979, el Museo Naval Tomás Espora donó el busto que todavía hoy se ve en el lugar.

Puede que, a simple vista, no deslumbre. Sin embargo, la de Temperley está viva: es escenario cotidiano para chicos y grandes y, sobre todo, para los más jóvenes. Un domingo cualquiera, quien cruce por allí probablemente escuche a alguna banda probando temas, vea una comparsa ensayando ritmos murgueros o se encuentre con un espectáculo de títeres improvisado.

Así, discreta pero imprescindible, la plaza Espora sigue siendo ese alto en el camino que todos agradecen cuando el calor no da tregua. Y con esta pequeña recorrida por su historia, cierro por hoy. Nos leemos la semana próxima: te lo cuenta un amigo.

Artículo publicado en el diario La Unión.-

ARTÍCULOS RELACIONADOS

MÁS LEÍDAS