Dormir entre 7 y 9 horas no es un capricho: es una de las formas más simples y efectivas de proteger la salud mental. Un nuevo repaso de estudios mostró que cuando dormimos menos de lo necesario, la tristeza, la ansiedad y la irritabilidad aumentan… y mucho.
La ciencia explica que el sueño es clave para regular las emociones. Cuando dormimos poco, la amígdala (la zona que activa las alarmas emocionales) se descontrola, y la corteza prefrontal pierde parte de su capacidad para “frenarla”. Resultado: todo se siente más intenso, más pesado y más difícil de manejar.
En jóvenes y adolescentes, el impacto es aún mayor. Los estudios señalan que dormir menos de lo recomendado aumenta el riesgo de depresión, ansiedad e incluso ideación suicida. La mayoría no llega a las horas necesarias por pantallas, estrés o rutinas académicas.

La buena noticia es que mejorar el #sueño también mejora el ánimo. Mantener horarios regulares, limitar pantallas antes de acostarse y exponerse a luz natural durante el día ayuda a regular el ritmo biológico y bajar la carga emocional.
Dormir bien no es perder tiempo: es una inversión. La evidencia es clara en algo simple y contundente: quienes duermen entre 7 y 9 horas tienen menos riesgo de tristeza y más estabilidad emocional. En un mundo acelerado, descansar también es un acto de cuidado propio.








