jueves, junio 30, 2022
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La guerra se metió en las casas ¿cómo hablamos con nuestros hijos del tema?

Los chicos no viven al margen de lo que está pasando. Observan, escuchan, leen.
Lo que está pasando, también forma parte de su realidad, no solo de la de los adultos, y en este sentido, los adultos, especialmente padres y docentes, al ser figuras de apego, tenemos la responsabilidad de velar por el desarrollo intelectual, moral y emocional de los chicos.
Por eso, cuando preguntan en casa acerca de la guerra, debemos darle respuesta a sus inquietudes. Al evadir el tema, podemos dejarlos expuestos a comentarios ajenos (compañeros, adultos, la tele) que podrían generar más miedo y angustia.  Al hablar con los chicos, por supuesto cuidando su edad y madurez, y adaptando lo que decimos para no generar una sensación que los apesadumbre o angustie, les mostramos que estamos disponibles para conversar con ellos de cualquier otra situación que les genera angustia en el futuro, generando un vínculo de confianza. 
Al hablar con ellos, debemos primero preguntarles qué saben ellos, o que han escuchado, y preguntarles qué preguntas tienen para arrancar desde ahí. Resulta más efectivo comenzar desde las preguntas de los chicos, en vez de comenzar a hablar del tema con información que tal vez no tenían pensada ellos o no necesiten saber. Sería importante, antes de hablar con ellos, tener en cuenta qué queremos que sepan o comprendan.
Cuidemos nuestras propias emociones: si la guerra nos genera mucha angustia, será mejor permitirle a otro adulto hablar del tema para no trasladar estas emociones a los chicos. Resulta importante ver si los chicos manejan información que pueda confundirlos, de dónde sacan la información, y reducir, si fuese necesario, el tiempo de exposición a la tele/radio/internet, etc. Demasiada información puede generar ansiedad o podrían asustarse con información que les llegue y no puedan llegar a  comprender. Si los chicos se muestran nerviosos, nuestras palabras serán el mejor remedio para calmarlos. Ellos están aprendiendo a transitar una situación que les genera desconcierto, y debemos enseñarles a hacerlo. Esto es, estar calmos y cuidar lo que decimos (oyen todo, aun cuando pensamos que no están escuchando).


Toda crisis nos genera una oportunidad de aprendizaje. Podemos explicarles que cuando dos personas, o dos países en este caso, no pueden resolver sus problemas a través de las palabras, se genera un conflicto, que puede derivar, como en este caso, en una guerra. Como adultos debemos educarlos en cuestiones emocionales como la amistad, el aprender a disculparse, trabajar la empatía, negociar, comprender las razones del otro. Debemos enseñarles que, aunque sean chicos, pueden ser constructores de la paz. Que pueden ser amigos de otros chicos, aunque sean o piensen diferente.
La escuela, por otro lado, no puede estar ajena a lo que pasa a nivel local, regional, nacional e inclusive internacional. Los alumnos merecen recibir información válida que los ayude a comprender lo que está sucediendo en este momento sin parcialidades, y sin respuestas vagas o tendenciosas. Es un tema que puede ser tratado interdisciplinariamente en historia, en construcción ciudadana, en geografía, en economía, lengua y hasta en arte. Se puede, además, promover debates, acompañarlos en estos debates, siempre con honestidad ideológica, sin parcialidades, permitiéndoles pensar por ellos mismos.
La idea es aprender de lo que ocurre para pensar un mundo mejor, para desarrollar el pensamiento crítico sin dejar de contener a los chicos, mantenerlos informados y acompañarlos en su formación integral.

Por Laura Lewin, especialista en educación y autora.

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