lunes, julio 4, 2022
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El desafío de empoderar a las mujeres con discapacidad

En el Mes de la Mujer, resulta fundamental visibilizar y deconstruir la doble exclusión y violencia a la cual se enfrentan las mujeres con discapacidad. Cuáles son los mitos, estereotipos y tabúes que la profundizan y por qué es importante derribarlos.

Habitar un cuerpo con discapacidad siempre fue difícil para mí. Y como mujer, lo fue aún más. Obligada a enfrentarme a una sociedad que históricamente nos consideró a las mujeres con discapacidad como “falladas”, “incompletas” e “incapaces” y comparándome constantemente con modelos y parámetros fuertemente arraigados. Entonces, la construcción de mi identidad se encontraba muy anclada a probadores de ropa diminutos, dudas sobre mis capacidades y falta de representación de cuerpos diferentes. Muchos años después, los cambios relacionados con una concepción obsoleta del colectivo que considera a sus cuerpos como no válidos, están lejos de concretarse.

En el Mes de la Mujer, son muchos los debates e intercambios en torno a diferentes mujeres y la importancia de su rol en la sociedad. Sin embargo,¿cuánto hablamos de las mujeres con discapacidad y de la doble violencia (por género y condición) que enfrentamos día a día? Sin duda, la gran deuda histórica que tenemos como sociedad tiene que ver con no concebirlas como parte de la diversidad. Prueba de ello es la falta de accesibilidad, apoyos e información en lo que respecta a los servicios de salud sexual y reproductiva. Es así que concebir socialmente a una madre con discapacidad sigue siendo un real tabú y, por otro lado, los accesos a servicios de esta índole siguen siendo limitados (ausencia de intérprete de lengua de señas, sistema Braille, entre otros). Mitos relacionados con la infantilización (pensarlas como “eternas niñas”), dudas sobre sus decisiones, derechos vulnerados y obstáculos que no permiten ejercer la autonomía e independencia parecen ser algunos de los impedimentos que no permiten ejercer el derecho a ser mujer.

La concepción de una mujer con discapacidad que “no está bien”, asexuada, pasiva y no atractiva se plasma frecuentemente en discursos publicitarios e imágenes que omiten a los cuerpos de las mujeres con discapacidad.

En el camino hacia la deconstrucción de una perspectiva que anula a la mujer con discapacidad, parece urgente erradicar y eliminar una imagen que descree de su posibilidad y capacidad de participar de diferentes ámbitos y espacios para cumplir derechos históricamente rechazados. Un imaginario que percibe a la mujer con discapacidad desde la pasividad, la compasión, la incapacidad y la falla. Es por eso que se omite su cuerpo en temáticas tabú como la menstruación o anticoncepción y planificación familiar.

Pensar a la mujer con discapacidad como consumidora que sale, se divierte, hace trámites parece no ser moneda corriente en una sociedad que no la contempla como parte de la diversidad ni como mujer sino que permanece ausente en la mayoría de los ámbitos de la vida cotidiana como la moda, la cual permanece aún muy ligada a parámetros de normalidad y cuerpos alineados a ideales de belleza instalados.

Así, creer en las mujeres con discapacidad y sus capacidades y garantizar su derecho a ser mujeres resulta fundamental en el camino hacia la diversidad y aceptación de todas las personas. Reivindicar y visibilizar su voz, tenerlas presente, incorporar al colectivo en debates y tomar en cuenta sus necesidades y facilitar apoyos son grandes desafíos que en tiempos de deconstrucción, y especialmente en este mes, no podemos olvidar ni omitir.

Por Lic Daniela Aza, influencer en temas de inclusión y discapacidad 
@shinebrightamc
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