miércoles, septiembre 22, 2021
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Siempre nos están mirando

Y pasó otro Día del Padre. Para mí siempre es un día especial. La relación entre padres e hijos es hermosa, pero también difícil. Uno trata de hacer siempre lo mejor. Todo es por ellos. Pero a veces, eso que hacemos hace que estemos separados mucho tiempo de ellos. Que no los podamos disfrutar. Que no nos podamos disfrutar.  

A mí me ha pasado, como te ha pasado a vos también. No somos diferentes en esos aspectos. Todos tenemos que salir a trabajar, a pelear la vida y eso hace que no estemos tanto tiempo con nuestros pibes. Papá y mamá, los dos por igual. Pero en esta fecha donde se celebra, se festeja, se conmemora el Día del Padre, siempre uno se pone a pensar: ‘¿Hice bien; hice mal? ¿Qué podría haber cambiado, si hubiese trabajado un poco menos y hubiese estado más con ellos?

Tengo culpa y lo debo reconocer. Ustedes saben que siempre lo he hecho: tengo culpa por el poco tiempo que he estado con ellos. Pero tengo la fortuna de que mis hijos, los dos, tanto Franco Elvis como Micaela, me dicen todo el tiempo que a ellos no los afectó porque el amor siempre fue más fuerte. Porque hemos vivido juntos muchas cosas, y porque a partir de otras que nos fueron pasando a nivel familiar, la relación se fue uniendo cada vez más, a tal punto que todavía me sigo yendo de vacaciones con mis hijos. Tengo la suerte de poder hacerlo y son ellos los que quieren venir de vacaciones con papá y con mamá, a pesar de que tienen 27 y 23 años. 

Me arrepiento de haber faltado algunas fiestas de colegio, de no haber estado un cumpleaños, de no haber estado todo el tiempo que a mí me hubiese gustado estar con ellos. Por ejemplo, a Elvis yo lo veía apenas 15 minutos por día. Ellos iban al colegio doble turno y yo trabajaba todo el día. Entonces nos escapamos los dos: nos juntábamos a almorzar, 15 minutos, todos los mediodías. 

Muchas veces nos quedábamos callados, porque él estaba comiendo y quería ver El Zorro. Otras, cuando él terminaba de comer, nos abrazábamos y nos quedábamos en silencio. Yo pensaba que eso era algo que él no tenía en cuenta. Era lo único que podía darle, porque cuando yo volvía después de TN de Noche, a las 2 o 3 de la mañana, después de haber hecho el noticiero, ellos estaban durmiendo. Y cuando yo me despertaba, ellos ya estaban en el colegio. Siempre viviendo al revés. 

Hasta que después fuimos dos al mismo gimnasio, ya de grandes. Yo con esa deuda, con esa angustia tremenda, que era la de sentirme en deuda con él y conmigo por no haber disfrutado más tiempo juntos. Un día me voy de gimnasio y Elvis se queda hablando con Miguel, el profesor. Él me contó que Elvis le dijo: ‘Los mejores momentos que yo pasé con mi papá eran esos 15 minutos por día que estábamos juntos y nunca me los voy a olvidar’.  

Yo no sabía si era importante para él. Me emocionó, porque me di cuenta de que había hecho bien las cosas. Si bien yo pensaba que no estaba tanto tiempo con él, el tiempo era poco, pero de tremenda calidad. A medida que va pasando el tiempo, uno se va dando cuenta de que tal vez las cosas no las hicimos tan mal, porque ellos la tomaron de otra manera. 

A pesar de que a veces uno piensa que nuestros hijos no nos miran; nuestros hijos siempre nos están mirando. 

En estas fechas, donde algunos no tenemos a nuestro papá, son momentos para pensar, para recordar. Tal vez no hace falta un regalo. Sin dudas que no hace falta un regalo. Hace falta un abrazo, hace falta un te quiero. Hace falta afecto, que es lo único que nosotros vamos a tener. Ojalá que vos puedas vivir lo mismo; ojalá que vos tal vez te puedas dar cuenta antes que nuestros pibes, aunque vos no lo creas, siempre nos están mirando. Te lo dice un amigo. 

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